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Mi Amiga Inseparable • Parte I

Hola, mi nombre es Daniel tengo 25 años quiero hablarte de ella, mi amiga especial, la conocí  a muy corta edad, desde que tengo uso de razón he batallado con ella, mi amiga fiel la DEPRESIÓN. A pesar de nacer en un hogar estable, cristianos, con unos padres que amo en gran manera. A pesar de ser acogido en una hermosa iglesia haciéndome partícipe de la familia de la fe e incluso catalogarme como líder de la misma, nunca me sentí conforme conmigo mismo.

Me odiaba por ser como soy, por cómo me veo, como me ven o como supongo que me ven. Me lastimé, lastimé también a muchas personas. Aunque, estaba rodeado de personas me sentía solo, no había un día en que le decía a Dios que me quitara la vida.

Creé una burbuja donde podía ser feliz y ahí empezó mi amor por la comida, comía exageradamente para distraer mis emociones, el sentimiento de saciedad me hacía sentir completo pero era algo pasajero.  

La  depresión entró en mi vida como un veneno silencioso, yo gritaba auxilio al mundo entero pero no quería que me escucharan, tampoco quería que me dejaran. Pero, no quería que me consolaran, es complicado, pero me sentía cómodo y sin darme cuenta empecé a amar mi estado de depresión.

Siempre fui muy amistoso, alegre, amoroso, ayudador de otros en todo momento con una sonrisa, así que cuando en mi escuela, la universidad, el barrio o mis amigos hacían comentarios sobre mi apariencia o personalidad yo siempre reía, apoyaba los comentarios y mostraba mi careta de felicidad falsa para no demostrar que me lastimaban sus palabras.

Todo se complica                                                                                 

Así empezó una doble vida, para todos era el Dani feliz, alegre, amistoso, risueño pero la realidad era que siempre lloraba a solas, en la oscuridad donde no pudieran verme ni escucharme, inclusive he llorado desconsoladamente sin ninguna razón.

Cuando mis amigos y familiares empezaron a preguntarse por qué no tenía pareja, usaba mi comodín «aún no es el tiempo, deseo prepararme más» o el que más usamos los cristianos «espero por la persona correcta de parte de Dios». La realidad era otra: “el amar a alguien” se me ha hecho difícil pues si no me amaba y aceptaba yo ¿Cómo voy amar?

Llegué al punto de tocar fondo. Con mi peso en su máxima capacidad y mis emociones hechas añicos, llegue a creer que ser dos personas en una era normal, que otros vivían igual que yo, que estaba solo y que a nadie le importaba mi dolor. Lo peor aún,  solucionar por mí mismo mis problemas y si Dios no quería llevarme (quitarme la vida) debía yo llegar a donde él.

He sido privilegiado por el amor y bondad del Señor, cuando llegué a tocar fondo y a estar ciego por tanta oscuridad su luz me brilló, su amor me sacudió el corazón haciéndome entender lo valioso que era, encontrando en él desahogo para mis lamentos, mis tristezas y mis fuertes ansiedades.

Pero, aún hoy en día estoy luchando diariamente con este mal. Aprendí a hablar, a pedir ayuda a mis familiares y amigos, mas NADIE QUE NO HAYA PASADO POR ESTO LO ENTENDERÁ, este no es un tema de ser bonito , ser feo, gordo o delgado, blanco o negro. Es un problema de aceptación de quien tu eres, como tú eres. Mi crisis empezó al momento de yo imaginarme ser otra persona. Esto es un llamado de parte de un chico con lágrimas en los ojos que ha batallado toda su vida con esto!!!

A los que tienen a alguien cercano con la misma situación les recomiendo:

  • No me ames, demuéstralo en todo tiempo.
  • No quieras convencerme, sólo escúchame.
  • No me abraces, se mi hombro.
  • No me tengas lastima, soy humano.

Photo por Benjamín Castillo de Unsplash

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